Ven, siente y desconecta en el mayor pinar de Europa

Historia y patrimonio

Covaleda remonta sus orígenes a la Edad del Bronce, los primeros duendes y  algunos restos y huellas de la existencia de seres humanos en la zona se encontraron en el paraje del Paso de los Arrieros, donde está el Muro Ciclópeo, y en el Paraje del Becedo, donde aparecieron varias “Hachas de Apéndice y Talón” de la Edad de Bronce que se encuentran en la actualidad en el Museo Numantino de Soria.

En Covaleda nos habitaron las tribus celtíberas de pelendones y duracos, a las cuales se enfrentaron, y no siempre con éxito, los conquistadores romanos que trajeron con ellos sus construcciones, muestra de una de ellas son los tramos  de la Calzada Romana que pasaba por estas tierras, cerca del paraje del Pozo de San Millán y cerca del Raso de la Tajas.

En Covaleda también encontramos restos de la Alta Edad Media s. VIII al X, como las Tumbas Antropomórficas del Pozo San Millán y de la Cuerda de los Morales.

Y río arriba,  se encuentra el Puente de Santo Domingo, puente de estilo románico, construido al comienzo de la Edad Media y declarado Bien De Interés Cultural (BIC).

 

El nombre de Covaleda es su epigrafía antigua, empieza a aparecer en las Crónicas de Fernán González, cuando los covaledenses le ayudaron a vencer a los moros en la batalla del día 16 de junio de 929, festividad de San Quirico y Santa Julita. La siguiente mención es en el año 1260 cuando el Rey Alfonso X, concede la Carta Puebla, reconociendo el  privilegio de propiedad comunal del monte a sus habitantes y ratificada por los reyes Juan I hasta Felipe II. En las Crónicas que escribiera Gonzalo de Ayora, cuenta que los covaledenses se lanzaron a repoblar Ávila y ayudaron a construir sus murallas allá por el s. XI. Los covaledenses pertenecían a la Hermandad de Carreteros de Burgos- Soria,  y se dedicaban a llevar  y traer las mercancías por toda España.

Leyenda

HISTORIA TÍO MELITÓN

Entre los pastores de esta tierra siempre ha habido relaciones de compadreo y buena vecindad: se ayudaban a localizar reses perdidas, intercambiaban sementales, curaban animales heridos… También había un código no escrito que era el de respetar los derechos adquiridos sobre corrales y zonas circundantes, donde estaba mal visto que otro pastor se instalara o utilizara careos semejantes a los del vecino. El olvido —voluntario o no— de cualquiera de estas normas hacía que enseguida surgiera el conflicto.

El pastor de Covaleda, hombre primario, taciturno, gran observador y muy independiente, siempre ha sido muy celoso de su rebaño y por eso nunca toleró injerencia alguna sobre el mismo: el abuso de los guardas forestales, por ejemplo, que limitaban su libertad de acción, o la prepotencia de los grandes ganaderos que trataban de imponer su ley, hacía que se encendieran los ánimos y apareciera la violencia. Estos asuntos y otros similares, como la identificación de las reses o el robo del ganado, han acarreado siempre situaciones conflictivas.

La más notable por su enconamiento y los hechos trágicos que se sucedieron fue la que generó el enfrentamiento entre el tío Melitón por una parte, y el tío Simón junto con el tío Lerín, por otra. Ya sabemos el cúmulo de bravuconadas, desplantes, risas y llantos que acarreó el forcejeo entre ambos bandos en el que ninguno dio el brazo a torcer. Y digo «ambos bandos» porque me asalta la duda: ¿fueron rencillas personales o fue un conflicto de banderías?

Está claro que Cipriano García, el Lerín,  y Simón, el cartero, lideraban el grupo de los ganaderos ricos teniendo a su favor gente del Concejo, la Guardia Civil, el cura y los guardas forestales. Mientras que el tío Melitón ¿con quién contaba?, ¿estaba solo? Eso es lo que nos ha hecho creer la leyenda, pero la Historia la escriben siempre los vencedores, y en esta historia está claro que sobre el tío Melitón han caído los peores calificativos: ¿Era realmente un asesino, un ladrón? Tal vez, pero habría que tener muy en cuenta las circunstancias que le obligaron a serlo, sin olvidar que a él también lo mataron. Tenía casa abierta en el pueblo y llevaba la vida normal que su oficio le permitía. Si hubiera sido tan malo como se le pinta, es posible que sus propios vecinos le hubieran forzado a marchar del pueblo, a Cabrejas, por ejemplo.

Es curioso que no quede ninguna referencia sobre sus desavenencias con los pequeños ganaderos; da la sensación de que con ellos nunca hubo conflictos. Por eso no creo que estuviera solo y que, seguramente, contaba con simpatizantes que le apoyaran en su enfrentamiento contra los poderosos, siempre odiados por los pequeños pastores porque trataban de hacerles la vida imposible —«aquí mando yo», era su razón suprema— y eliminarlos por puro cansancio para quitarse competidores. A más de uno, y de dos, les hubiera gustado dar un buen escarmiento a los grandes ganaderos por sus abusos.

El tío Melitón fue un cabrero modesto que, dotado de una fuerza física notable, mente despierta y un talante independiente y orgulloso, se enfrentó a los poderosos como solían hacer todos los pastores cuando sentían pisoteados sus derechos; en tales circunstancias iban de frente y con valentía, jugándose el todo por el todo. Y no fue el único. Casos más recientes se han conocido como el de un pastor apodado el Tigre que se enfrentó a cuatro guardas del pueblo que quisieron detenerle las cabras por meterlas a pastar en un coto vedado. O el tío Bartolo que se llevó por delante a otro guarda por haberle denunciado las cabras… «Melitones habemos muchos», me dijo alguien cuando saqué el tema a colación.

Los otros conflictos: la venganza con la quema de la teina, el asesinato del tío Lerín, pienso que fueron cuestiones de honor; y en aquellos tiempos se resolvían a la tremenda: tu vida o la mía.

No quiero decir que el tío Melitón no cometiera pequeñas o grandes maldades, pero sinceramente creo que la leyenda se ha ensañado con él y con su mujer, a la que faltó poco para que la quemaran en la hoguera. Si defendió a su marido, hizo bien; pero como era forastera había licencia para amontonarle los peores calificativos: «Ella es peor que él», se apresuraron a divulgar.

Quedan muchos interrogantes por resolver. Por ejemplo: ¿cuáles eran los verdaderos intereses del tío Lerín cuando se enfrentó a Melitón?; ¿cuál fue el origen real del conflicto?; ¿o qué hubiera dicho la historia si la hubiera escrito este último?

Como dije al principio, la Historia la escriben los ganadores; en este caso quedó envuelta en un halo de leyenda que fue deformándose al ir pasando de boca en boca hasta hacer del tío Melitón sinónimo de forajido, de animal sin entrañas. Seguro que lloró cuando se le murió el hijo; y seguro, también, que hubiera preferido llevar una vida de concordia y entendimiento con los vecinos de su pueblo. Tengo ese presentimiento.

 

OTRA VERSIÓN DE LA MISMA HISTORIA

 

Vamos a relatar la historia de un personaje que corre por estas tierras. Contiene parte de verdad y parte de leyenda.

Yendo paseando por el paraje denominado “Cueva Mujeres” un grupo de amigos, vimos una cruz que pone: “Aquí fue muerto el tío Lerín el 9 de Julio de 1.870 a mano airada”. Y empezamos a comentar qué significaba:

  • ¿Quién era el tío Lerín?
  • Era un señor que vivía en Covaleda.
  • Pero; ¿quién lo mató?
  • Anda, ¿no lo sabes? ¡El tío Melitón!

Entonces una de las personas del grupo dijo:

  • El tío Melitón era un hombre que también vivía en Covaleda; nació el 10 de Marzo de 1.838 y lo bautizó el sacerdote Don Cándido Domínguez el 13 de Marzo de 1.838, con el nombre de Melitón Llorente Rioja. Hasta que se casó, vivía en el pueblo en una “casucha”; después de casado se fue al monte con su mujer.
  • ¿Y con quien se casó?
  • Se casó con Francisca García, de Cabrejas del Pinar… para la gente del pueblo “la cabrejana”.
  • ¿Y no tuvieron hijos?
  • Si. Tuvieron uno, pero al poco tiempo de nacer murió.
  • ¡Que lástima!
  • ¡Si!, pero todavía no nos has dicho quién era el Tío Melitón.
  • Como ya os decía vivió en el monte desde que se casó y cambió totalmente de forma de vida. Se dedicaba a robar cabras, vacas, etc. aterrorizando a las gentes del pueblo, llegando estas gentes al extremo de no atreverse a salir de noche de casa por miedo a encontrarse con él.
  • A mí me han contado que un día se encontraban desollando un toro (Melitón y su mujer), cuando los encontró el dueño del animal que andaba buscando el rebaño. Al verlos, les echó el ¡alto!, y Melitón le advirtió: “¡De eso nada!”, “¡Hombre muerto no habla!”… dijo la mujer. Entonces, el tío Melitón echó a correr detrás de él, mas no pudo alcanzarlo porque era mucho más joven. Cuando llegó a casa, se metió en la cama muy asustado, muriendo del susto.
  • ¡Anda! ¡Pues sí que le tenían miedo!
  • Sí, pero… al tío Lerín ¿por qué lo mató?
  • Parece ser que era el único que no le tenía miedo en el pueblo. Era más fuerte que él.
  • ¿Y como lo mató?
  • Yendo un día el tío Lerín a Salduero o a la vuelta (no se sabe seguro) le estaban esperando, Melitón y su mujer, subidos a un árbol, por el camino estrecho que llevaba a Salduero, que estaba lleno de matorrales. Entonces desde lo alto del árbol le tiraron un hacha y dándole en el hombro, le cortaron el brazo. Entonces se bajaron del árbol y, como no se podía defender, entre los dos lo arrastraron y lo tiraron por un precipicio. Lo encontraron muchos días después, por las moscas que andaban alrededor del cadáver.
  • Oye, a mí me han dicho también que al tío Lerín lo había quemado en una taina llena de cabras.
  • ¡Si!. Y parece ser que estaba en la cárcel de Soria y se escapó esa noche para quemar la taina, volviendo al día siguiente a la cárcel.
  • ¡Hay que ver! ¡Qué carácter más raro tenia!
  • ¿Y como murió el tío Melitón?
  • Como nadie se atrevía a matarlo, un grupo de personas le estaban esperando por una calleja que siempre iba, se llama “Los Bolicios” y está a las afueras del pueblo. Gritaron: “¡Alto!, ¿Quién vive? Respondió: “Melitón Llorente”. Y sonaron unos disparos: ¡Pun! ¡Pun!
  • ¿Quién fue el que disparó?
  • Dicen que un vecino que se llamaba Simón, pero se hizo reo de su muerte la Guardia Civil. Murió el 6 de Enero de 1.878.
  • ¿y qué pasó con su mujer?
  • Sobre ella ya no se saben muchas cosas. Tenéis que daros cuenta de que como todos les tenían miedo procuraron olvidarla.
  • A mi me han dicho que se volvió a casar… ¿es verdad?
  • Según creo si, y también intentó hacer lo mismo que con el tío Melitón pero el otro no le hacia caso; es más, dicen que le daba muchas “palizas”.

AHORA JUZGUEN USTEDES CUAL ES LA VERDADERA

 

Te interesa…

Descubrir a nuestros antepasados a través de Historia de Covaleda.

La evolución y fotos de todos aquellos que han formado parte del recuerdo de Covaleda.

¿Sabes que en el verano de 1923 Covaleda sufrió un gran incendio? Este hecho marcó la historia de Covaleda.

Documentos

Aquí pueden descargar la Historia del Tío Melintón en PDF

Te recomendamos